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domingo, 25 de septiembre de 2016

Enfermedades Respiratorias - Sarcoidosis


Es una enfermedad de causa desconocida que se caracteriza por lainflamación de los ganglios linfáticos, los pulmones, el hígado, los ojos, la piel y otros tejidos. En condiciones normales, el sistema inmunitario defiende al organismo de sustancias extrañas o nocivas, enviando, por ejemplo, células especiales.

Estas células liberan sustancias químicas que atraen a su vez a otras células, las cuales tratan de aislar y destruir la sustancia que causa el daño. Normalmente, en este proceso se produce cierta inflamación que suele disminuir a los días junto con el elemento nocivo, desinflamación que no se produce en las personas con sarcoidosis, debido a una agrupación de células del sistema inmunitario, que forman masas llamadas granulomas en distintos órganos del cuerpo.

Por lo general, suele comenzar en los pulmones, la piel o los ganglios linfáticos, especialmente los del tórax. A menudo, esta enfermedad afecta posteriormente a los ojos y al hígado y, en menor grado, al corazón y al cerebro causando complicaciones graves. 

Las causas de la sarcoidosis son desconocidas. Algunos especialistas sostienen que un paciente con determinados genes puede ser más propenso a desarrollar sarcoidosis. Los factores que pueden alimentar esta enfermedad incluyen infecciones por bacterias o virus, además del contacto con polvo u otras sustancias.

En cuanto a la incidencia, es más común en personas afroamericanas que en personas caucásicas de ascendencia escandinava. En lo que respecta a las diferenciaciones por sexos, las mujeres son más propensas a sufrir esta afección que los hombres. El inicio de la enfermedad normalmente se produce entre los 20 y los 40 años de edad y es muy poco frecuente entre los niños pequeños.

Una persona con un pariente consanguíneo cercano que tenga sarcoidosis tiene una probabilidad 5 veces mayor de sufrir la enfermedad. Es posible que no existan síntomas manifiestos, pero en el caso de que se produzcan pueden involucrar casi cualquier parte del cuerpo o sistema. La mayor parte de los pacientes sufren síntomas en el pulmón o en el tórax. Los más frecuentes son:

· Dolor torácico: casi siempre en la zona posterior del esternón.

· Tos seca.

· Dificultad al respirar.

· Tos con sangre: es poco frecuente pero indica un agravamiento de la enfermedad.

· Fatiga.

· Fiebre.

· Dolores articulares: artralgias.

· Pérdida de peso.

· Pérdida del pelo.

· Ulceras cutáneas, rojas y prominentes, que casi siempre se manifiestan en la parte baja de las piernas.

· Erupciones cutáneas.

· Cicatrices que ya se tenían y que se manifiestan inflamadas.

· Dolor de cabeza persistente.

· Convulsiones.

· Debilidad o parálisis en un lado de la cara.

· Ardor.

· Secreción del ojo.


· Picazón.

· Dolor, o en los casos más graves, pérdida de la visión.

· Boca seca.

· Episodios de desmayos si se padecen cardiopatías.

· Hemorragia nasal.

· Hinchazón en la parte superior del abdomen o enfermedad hepática. 

No se puede prevenir la sarcoidosis, ya que en la actualidad se desconoce el desencadenante de la enfermedad. Si tiene familiares que padecen sarcoidosis, el riesgo de desarrollarla es mayor y ligeramente superior en comparación con el resto de la población. En el caso de gemelos monocigóticos, alcanza del 30 al 50 por ciento.
medlineplus.gov

viernes, 16 de septiembre de 2016

Algo mas sobre la salud


Las flores y las plantas son tan caras que se han convertido en un lujo que sólo unos pocos pueden seguir permitiéndose en estos tiempos difíciles. Es una pena, porque un interior con flores proporciona paz y alegría. Lo natural es vivir rodeados de plantas, y no de cemento, pintura, plástico, madera barnizada y aparatos eléctricos. Además, tener plantas y flores en casa es bueno para la salud; algunos tipos de plantas tienen virtudes descontaminantes y contribuyen en gran medida a sanear la atmósfera que respiramos. 

La artrosis es una enfermedad muy extendida que afecta a más del 15% de la población española, unos siete millones de personas. Para la industria farmacéutica, la artrosis ha sido la gallina de los huevos de oro, explotados y sobre-explotada hasta que estalló el escándalo del Vioxx, un medicamento antiinflamatorio recetado contra los dolores producidos por la artrosis y que finalmente fue retirado del mercado el año 2004 por sus peligrosos efectos sobre el corazón.

Cuando usted sufre de artrosis, una o varias articulaciones de su cuerpo están doloridas e inflamadas. Cada pequeño movimiento le hace sufrir, y supone tener que decir adiós a los deportes de pelota, al baile, al esquí o al tenis, por ejemplo. Y ni mencionar otros deportes como el atletismo, el judo, el kárate o el levantamiento de pesas. Algunos pacientes ya no pueden subir ni bajar escaleras. Otros están completamente inmovilizados. Por ello los pacientes han utilizado sistemáticamente durante mucho tiempo medicamentos antiinflamatorios, cortisona y analgésicos químicos contra el dolor.

En un primer momento estos medicamentos funcionan. ¡Milagro! ¡Comprobará que es posible volver a abrir un tarro de mermelada, cascar nueces y hasta ocuparse del jardín! Volverá a descubrir los pequeños placeres de la vida durante varios meses, con suerte incluso varios años. 

La maca es un regalo que la naturaleza pone a nuestro alcance para combatir la disfunción sexual y mejorar la libido y la fertilidad, tanto en hombres como en mujeres. Pero sus virtudes no acaban aquí. Gracias a su compleja composición nutricional y su actividad antioxidante (glucosinolatos, esteroles, alcaloides, polifenoles, ácidos grasos, amidas….) se han descrito múltiples aplicaciones terapéuticas naturales que abarcan también la osteoporosis, la hipertrofia benigna de próstata, la menopausia o incluso el estrés y la ansiedad. 

Muchas enfermedades de las que todos hemos oído hablar, padecemos o conocemos a alguien que las sufre son en realidad enfermedades autoinmunes. Es el caso de la esclerosis múltiple, la enfermedad celíaca, la enfermedad de Crohn, la psoriasis o la diabetes de tipo 1, entre otras muchas. 

En las enfermedades autoinmunes, el sistema inmunitario se ha vuelto literalmente loco. Y en lugar de hacer aquello para lo que está programado (es decir, protegerle frente a las enfermedades e infecciones), lo que hace es atacar por error las células sanas del organismo. A veces destruye órganos concretos (como la glándula tiroides en el caso de la tiroiditis de Hashimoto) y otras afectan a cualquier parte del cuerpo y a varios sistemas a la vez, incluidos varios órganos (como en el caso del lupus o la artritis reumatoide). 

No se conocen del todo las causas, si bien tienen un componente genético. Para tratarlas, los médicos tienden a limitarse a frenar la actividad del sistema inmunitario de sus pacientes a base de medicamentos, como corticoides y antibióticos (agentes para reducir la duplicación celular), que tienen graves efectos secundarios. Pero se “olvidan”, por desconocimiento o porque directamente no creen en ello, de las consideraciones dietéticas.

domingo, 28 de agosto de 2016

Problemas graves ¨El Colon¨


Algunas de las bacterias presentes en la flora intestinal tienen un efecto positivo para la salud y para la vida en general: por ese motivo, los científicos las han bautizado como “probióticas” (beneficiosas para la vida). Estimulan el sistema inmunitario, reducen las alergias y alivian la inflamación del intestino. También impiden la producción de toxinas susceptibles de sobrecargar el hígado, mejoran el tránsito intestinal, disminuyen las flatulencias y previenen los trastornos digestivos (estreñimiento o diarrea). Para que realmente merezcan llamarse probióticos, es necesario demostrar sus efectos científicamente. 


Pero existen otras especies oportunistas o patógenas, susceptibles de originar problemas de salud de todo tipo, entre ellos alergias, micosis y hasta alguna enfermedad. 

Entre las micosis, la candidiasis provocada por la Candida albicans es alarmante, puesto que la proliferación de este germen en el organismo provoca una alteración del sistema inmunitario que puede abrir la puerta a otras enfermedades, como el cáncer.

El reto es el siguiente: tenemos que favorecer la proliferación de bacterias beneficiosas mediante la implantación de especies favorecedoras de bacterias saludables y el uso del “abono” adecuado. Y, al mismo tiempo, debemos impedir que se desarrollen las especies patógenas, origen de enfermedades.

A continuación puede ver qué medidas puede tomar para reforzar su sistema inmunitario, aumentar su vitalidad y, en definitiva, mejorar su bienestar.

Reducir el consumo de alimentos en estado puro

Se deben consumir con moderación alimentos en estado puro, no procesados, como la carne, el queso, las grasas y los azúcares simples (o monosacáridos), ya que pueden romper el equilibrio de la microflora.

Desde los años cincuenta, el consumo de alimentos en estado puro no ha dejado de crecer, con el consiguiente e incesante desarrollo de lo que llamamos enfermedades del mundo desarrollado: es decir, enfermedades cardiovasculares, trastornos digestivos, metabólicos, del sistema nervioso u osteoarticular, etc. 

Sirva como ejemplo el elevado consumo de azúcares simples: sacarosa, fructosa, maltosa, lactosa, glucosa...

Todos los alimentos azucarados o que se transforman rápidamente en azúcares simples, incluido el zumo de frutas, favorecen la proliferación de una flora fúngica que altera el sistema inmunitario, aumentando el riesgo de diabetes, obesidad, accidentes cardiovasculares y todo tipo de cáncer. 

Puede parecer exagerado, pero hoy en día los médicos no tienen ninguna duda al respecto: un consumo elevado de azúcar produce hiperglucemia y, consiguientemente, hiperinsulinemia, que provoca la formación del tumor cancerígeno y acelera el crecimiento de células tumorales. 

Así que prioricemos las frutas, legumbres y cereales integrales, bayas, frutos secos, pescados grasos ricos en nutrientes como el colágeno, minerales, vitaminas liposolubles y ácidos grasos omega-3. Podemos tomar algo de carne, lácteos (sobre todo leche de cabra y oveja) y aceites vegetales (preferiblemente aceite de oliva o nuez), algo menos de grasas saturadas y muy pocos dulces.

Comer más fibra: es “prebiótica”

La alimentación moderna es demasiado rica en alimentos en estado puro (carne, queso, grasas y azúcares) y pobre en fibra. A pesar de no ser un nutriente esencial de nuestro cuerpo, la fibra alimentaria resulta indispensable para preservar la flora intestinal, que se alimenta de ella transformándola en ácidos orgánicos que protegen y regeneran la mucosa intestinal. 

Algunas fibras alimentarias son solubles porque tienen poco peso molecular. Se las denomina “prebióticas” porque su objetivo es estimular el crecimiento de las bacterias “probióticas” o bacterias “buenas” del ecosistema intestinal. 

Como nuestra flora intestinal se nutre de fibras, no podemos dejar que se eche a perder privándola de las fibras solubles que podemos encontrar, por ejemplo, en la fruta de temporada bien madura, en una gran variedad de legumbres (preferiblemente leguminosas y crucíferas) y en los cereales de siempre, pobres en gluten (arroz, mijo, avena, espelta…).

Consuma especialmente legumbres y frutas ecológicas, porque no contienen pesticidas (cancerígenos) ni conservantes (antibacterianos y antifúngicos que alteran la flora intestinal).

Además, en necesario evitar la ingesta conjunta de hidratos de carbono y alimentos ácidos (por ejemplo, cereales y cítricos, cereales o legumbres con vinagre o limón, tomate y pasta o arroz...), ya que los ácidos neutralizan la acción de las enzimas salivales sobre el almidón de los hidratos de carbono, con la consiguiente producción de toxinas en el intestino. 

Redescubrir los productos fermentados

Todas las semiconservas fermentadas contienen bacterias del grupo láctico (Lactococcus, Enterococcus, Leuconostoc, Pediococcus, Streptococcus, Lactobacillus…).

Nuestros antepasados comprendieron instintivamente que los productos fermentados se conservaban bien y que su consumo era beneficioso para la salud. Desde comienzos del siglo pasado, el mundo de la microbiología ya puso poco a poco de manifiesto que algunas bacterias desarrolladas espontáneamente en los productos con fermentación láctica poseían características “probióticas”, es decir, beneficiosas para la salud. 

El chucrut se viene consumiendo desde la época de los Romanos, y la col fermentada sigue siendo hoy un plato importante de la cocina centroeuropea, desde Alsacia hasta Ucrania. En Polonia, Ucrania y muchos países de Europa del Este se consume borsch, una sopa de verduras cuyo ingrediente principal es el zumo fermentado de remolacha. 

También en los países asiáticos destaca el consumo de col fermentada, como en el kimshi coreano, aunque la mayoría de las verduras pueden consumirse de esta manera: zanahorias, berenjenas, cebollas, pepinos…

En la cocina occidental, las aceitunas, pepinillos, remolacha, nabos, etc. se conservan mediante fermentación láctica. No obstante, la industria agroalimentaria tiende cada vez más a conservar los productos en escabeche o en vinagre, o a esterilizarlos tras la fermentación, lo que destruye las bacterias. La cerveza de hoy en día suele pasteurizarse a pesar de estar fermentada, por lo que contiene muy pocas bacterias y levaduras. 

Por el contrario, la leche fermentada es muy rica en bacterias beneficiosas para la salud con características “probióticas” de diferentes propiedades en función de la especie y biotipo bacteriano utilizado. 

Es el caso del yogur (fermentado por Streptococcus thermophilus y Lactobacilus bulgaricus), la leche acidófila (fermentada por Lactobacillus acidophilus), la leche con bifidus (fermentada por Bifidobacteriumbifidum, longum, breve o lactis), el kéfir (fermentado por varias especies de Lactococcus, Leuconostoc, Lactobacillus, Sacharomyces, Kluyveromyces, etc.). Todos estos tipos de leche fermentada son importantes para la salud, especialmente si la materia prima procede de cabra, oveja o yegua. En lo que respecta a los yogures clásicos, cada vez más y más personas desarrollan una intolerancia a la leche de vaca, que se manifiesta en inflamaciones como rinitis, sinusitis, artritis, artrosis, etc.

Comer adecuadamente

Mastique y ensalive bien los alimentos, sobre todo aquellos ricos en almidón, como los cereales, las frutas, las verduras y las legumbres. Masticar adecuadamente garantiza que la primera fase de la digestión tenga lugar en la boca bajo los efectos de la amilasa de la saliva, evitando una fermentación intestinal putrefacta que produzca toxinas.

No abuse de los alimentos que en ocasiones producen reacciones de intolerancia, como pueden ser la leche de vaca y sus derivados, los cereales modernos ricos en gluten y sus derivados. 

Evitar el agua con cloro

Se añade cloro al agua del grifo antes de que ésta sea distribuida para el consumo precisamente porque acaba con los gérmenes dañinos que pueda contener.

Es una gran idea y, desde que se inició esta medida, enfermedades como la disentería o el cólera han desaparecido en los países desarrollados. 

No obstante, el cloro tiene el mismo efecto en nuestro tubo digestivo: tiende a desinfectarlo, matando indistintamente a los microorganismos buenos y a los malos. Hay que evitar el contacto innecesario con sustancias bactericidas (que matan bacterias) o fungicidas (que matan levaduras y hongos), incluidos los productos para desinfectar las manos y la piel, porque acaban con todas las cepas microbianas, sean éstas buenas o malas. Además, la piel y los órganos sexuales también están cubiertos de una microflora que hace frente a los gérmenes nocivos, así que más vale cuidarla. 

Si se toman todas estas precauciones, la microflora protectora se reequilibrará ella sola, siempre y cuando nuestra alimentación y nuestra forma de vida se lo permitan, ya que son los dos medios más poderosos que tenemos para recobrar la salud. 


Para hacer el proceso más fácil, se pueden tomar también algunos complementos alimenticios. El problema es que la mayor parte de los “probióticos” a la venta no funcionan. ¿No será porque se ofrecen en formato de comprimidos, lo que implica que se ha debido aplicar una fuerte compresión de sus componentes, que hace subir la temperatura y, por tanto, ha matado las bacterias?
Tener salud